domingo, 11 de julio de 2010

Por decir algo


Todavía con el humo en la boca ya pienso en el próximo cigarrillo. Ni loco lo enciendo, me digo o me dice el de la izquierda. El de la derecha parece tranquilo, toca con la punta de su dedito el tridente. Menea la cola como un perro contento. Sabe que no le fallo. Maradona murió en su ley, pienso para distraerme. Sabía que con el equipo partido no podía llegar muy lejos. Seguro tenía el de la derecha un tanto más eufórico que el mío. Hablando de eso, el mío parece moverse un poco, levanta una mano y veo que el maldito tiene un cigarrillo entre los dedos. Hasta humo de cigarrillo tiene. Me lo muestra, me lo pasa por el rabillo del ojo. El de las alitas de la izquierda grita: ¡Traición! Callate, ¡pelotudo!, grita el otro. Lo miro. Maradona lo habrá mirado como yo cuando le decía: dejá el medio campo como contra México que metiste tres pepas, así, sin gente en el circulo central, anduvo bárbaro, fijate que al Lio no le llegó un pelota limpia y el Mache rastrilló solito cuando pié se le cruzaba. Y murió en su ley el Diego, le ganó la porfía. El de la derecha le clavó el tridente nomás. Ma sí, yo lo prendo, ya lo tengo en la mano. El de las alitas me mira resignado, el de la derecha también, pero sonríe. Tres delanteros, nadie en el medio campo, el Mache transpira la gota gorda, el Lio viniéndola a buscar al área nuestra. A sufrir se ha dicho. Como los Marea, un ojo abierto y el otro entornao, que cuatro goles no son nada, que febril la mirada… El de la derecha también le sonrió al Diego.
Apago el cigarrillo, el televisor. Cuatro años más, una mierda cuatro años. Me fumo el último, me digo, juro que es el último del día. El de la izquierda vuelve al trabajo, el de la derecha ni se molesta.

2 comentarios:

Elena dijo...

Ay Lucas!!!

Por aquí somos expertos en decepciones, en murmurar por lo bajini eso de... mierda, cuatro años, cuatro años más. Qué puedo contarte que no se sepa ya.

Afortunadamente esta vez se rompió el maleficio, si es que lo había, claro.

Por cierto, mi "el de la derecha"también me dice una y otra vez que este será el último. Cada vez que enciendo el último me asegura justo eso. Que será el último, no del día, sino de toda mi vida.

Pero el de la izquierda puede más. Y sonríe envuelto en humo, seguro que le recuerda a su casa. Y tampoco se molesta lo más mínimo en volver al trabajo. En realidad creo que no ha trabajado en toda su demoníaca vida :)

Un besazo.

María dijo...

Deja de oirlos. Cuando empiecen a hablarte ignóralos, echa hacia atrás la cabeza y que se peleen frente a frente. Algún día, sin q ni siquiera lo pienses mucho dejarás de fumar.
Un beso de una exfumadora desde hace once años